La exposición que vamos a visitar
esta vez es “Espejos de lo invisible”, del artista neoyorquino Bill Viola. La
exposición puede visitarse hasta el 10 de enero en el Espacio Fundación
Telefónica Madrid, pero nosotros vamos a intentar adentrarnos en ella sin haber
estado presencialmente, utilizando las herramientas online de las que dispone
la página web de la exposición.
Sobre el artista
Bill
Viola es un artista muy completo, con casi 50 años de experiencia y uno de los
pioneros del videoarte. Su obra experimenta con innovadores medios tecnológicos
para tratar temas tan atemporales como la vida, la muerte o la espiritualidad.
Precisamente es ese contraste entre lo novedoso y lo eterno lo que hace de su
obra un conjunto tan interesante y rico en matices.
Su vocación
artística viene desde lejos. Cuando era muy pequeño ya mostraba dotes
artísticas y, como él mismo dice: “siempre fui el artista de la clase en todas
las clases según iba creciendo”. Una experiencia que le marcó gravemente en su
infancia fue cuando, durante unas vacaciones familiares, se hundió
profundamente en un lago. Esa calma e imperturbabilidad que consiguió bajo el
agua se convirtió en parte de sus obsesiones artísticas de adulto.
Más adelante,
realizó sus estudios artísticos en la Facultad de Bellas Artes de la
Universidad de Siracusa, en Nueva York, que complementaría en 1971 con su
entrada en el programa de Estudios Experimentales. Durante ese periodo de
tiempo se introdujo tímidamente en el mundo de lo audiovisual.
A partir de ese entonces,
Viola se obsesionó con el vídeo, tanto que empezó a trabajar como técnico
audiovisual y montando instalaciones de audio e imagen. En esta época fue
cuando entró en contacto con numerosos artistas y tuvo la oportunidad de viajar
con frecuencia. Gracias a una beca, incluso vivó una temporada en Japón, donde
profundizó en el mundo de la tecnología puntera. Durante todos sus viajes, aprovechaba
para indagar en la cultura y la naturaleza del país, especialmente en las
distintas espiritualidades de los pueblos nativos.
En todas estas
experiencias le acompañaba y acompaña su mujer, Kira Perov, a quien conoció en
Melbourne en 1977, cuando era directora de actividades culturales de la Universidad
La Trobe. A partir de 1978, cuando se mudaron juntos a Nueva York, iniciaron
una colaboración profesional y vital tan rica que muchos expertos opinan que la
obra de Viola no podría concebirse sin la presencia de su esposa. En la
actualidad, ella es la directora ejecutiva de Bill Viola Studio, de modo que se
encarga de sus publicaciones, proyectos y documentación artística.
La obra de Viola
ha sido mostrada en museos, instituciones culturales, espacios religiosos y
monumentos históricos de todo el mundo. Ha expuesto en el Whitney Museum of
American Art, en el J. Paul Getty Museum de Los Ángeles, el Gran Palais de
París y el Museo de Arte Mori en Japón, entre muchos otros. En España, expuso
en el recinto de la Alhambra en 2007, en la Academia de Bellas Artes de San
Fernando de Madrid en 2014, en el Museo Guggenheim de Bilbao en 2017 y en un
proyecto realizado por todo el casco histórico de Cuenca entre los años 2018 y
2019. También representó a estados Unidos en la Bienal de Venecia en 1995, y su
obra ha sido expuesta en la catedral de Saint Paul en Londres y usada como
producción de la ópera Tristán e Isolda de Peter Sellars, que se ha
representado en Estados Unidos, Canadá y Japón y en varias ciudades de Europa,
como París o Madrid.
Ha recibido
numerosos premios y distinciones, como el premio de la Fundación MacArthur al
“genio creativo” en 1989, un doctorado honoris causa en Bellas Artes por la
Universidad de Siracusa en 1995, el XXI Premio Internacional Cataluña en 2009 y
el Praemium Imperiale, otorgado por la Asociación de Arte de Japón, en 2011.
Sobre su obra
La obra de Viola
empezó con un carácter de experimentación formal, pero poco a poco y a medida
que iba mejorando su manejo de las tecnologías, empezó a centrarse en el
carácter expresivo de sus obras y en lo que quería transmitir con ellas. Como
dijo en 2017: “La cámara y la grabadora son como los pinceles: mis
herramientas. Cada nuevo avance en la tecnología de la imagen en movimiento ha
supuesto que la gama de mi paleta aumentara”. Es por eso que resulta tan difícil
encasquetar a este artista en una u otra corriente.
El vídeo permitió
a Viola introducir el tiempo en sus obras. Y con el tiempo vienen las
narrativas. Ante el bombardeo constante de información y estímulos de la vida
diaria, Viola pretende generar con su obra un espacio para la contemplación y
el reposo, un oasis de mansedumbre con matices espirituales. Para ello se vale,
sobre todo, del slowmotion y el montaje en bucle. Las imágenes,
si son lentas, no sólo captan mejor la atención del espectador, sino que además
dotan de muchísima profundidad las acciones captadas. Las repeticiones, por
otra parte, son elementos comunes en las religiones y rituales espirituales
(los rosarios, los cánticos, los mantras…).
Junto a la
imagen, el sonido ha sido una constante fundamental en la producción artística
de Bill Viola. La paleta de sonidos elegida cuidadosamente por Viola está
diseñada para complementar y enfatizar las imágenes creadas.
Por otra parte,
los temas que suele tratar el artista son siempre universales: la vida, la
muerte, el paso del tiempo, etc. Son temas accesibles y comprensibles para
cualquier espectador, independientemente de su raza, su educación y su contexto
socio-cultural. Por ello mismo, Viola no utiliza en sus obras ningún lenguaje
escrito: el lenguaje que usa, el de las imágenes, también es universal.
Viola recibe mucha
influencia de las espiritualidades de todas partes del globo: budismo zen, sufismo
islámico, misticismo cristiano… También de otros artistas como el escritor
Edmund Burke, el místico Al-Ghazali, y el teólogo y filósofo inglés Robert
Grosseteste, entre otros.
Su otra gran
fuente de inspiración es la Historia de Arte. Se inspira en el arte antiguo y bebe
de los pintores medievales, renacentistas y barrocos, y eso se muestra
especialmente en la crudeza de las emociones humanas que busca reflejar, el uso
dramático de la luz y las escenas que parecen extraídas de retablos
eclesiásticos.
Obras comentadas
La exposición cuenta con 17 obras del artista:
Incrementation (1996): en esta inquietante obra podemos ver la imagen de la cara del propio Bill Viola en una pantalla de televisión, a su vez conectada a un altavoz y un extraño contador. Extraño porque no cuenta los segundos que pasan, si no las respiraciones que da el Bill de la pantalla. El reloj tiene un límite de 900,000,000 respiraciones, lo que equivale a una vida humana de alrededor de 85 años. Cuando la obra llegue a ese límite de respiraciones, parará. Se trata de una estremecedora reflexión acerca del paso del tiempo. Normalmente escuchar la respiración de otra persona nos alivia, nos calma. Pero en este caso cada respiración supone una angustia para el que la presencia, y nos fuerza a caer en la cuenta de que cada respiración que damos es una respiración menos hasta la última.
The reflecting pool (1977-1979): es un vídeo de casi siete minutos. En él, se ve una especie
de piscina en medio de un bosque. De entre los árboles surge un hombre que
avanza hacia la piscina, se queda quieto unos segundos y luego se tira al agua.
Pero no llega nunca a caer, pues la imagen se congela. A partir de ese momento
lo vemos a él, flotando en el aire, y a los árboles de su alrededor quietos.
Mientras tanto, en el estanque vamos viendo múltiples cambios de luz y de
movimiento e incluso figuras que aparecen y desaparecen. Mientras todo esto
ocurre, la imagen congelada se va fundiendo con los árboles del fondo Cuando el
hombre en el aire ya ha dejado de verse, surge de la piscina el mismo hombre,
pero desnudo, que emprende su camino de vuelta al bosque.
La obra habla del tiempo, del hombre y del hombre en contacto con la naturaleza y con el agua, que le invita a renacer, a purificarse. Se trata de una especie de bautizo dramatizado e insertado en un locus amoenus, una reflexión acerca de nosotros mismos, nuestro interior y nuestro exterior.
Para la época en que fue presentada, la obra era todo un
hito de la tecnología digital. Para parar la mitad superior de la imagen pero
permitir que la inferior mantuviese su movimiento, Viola hubo de grabar varias
tomas del estanque, que posteriormente tuvo que insertar en el resto de la
escena.
Se trata de una de las primeras obras del artista, y por tanto la obra tiene una fuerte carga
experimental, además de aparecer el mismo Viola como protagonista.
Anima (2000): anima significa "alma" en latín. Esta obra está inspirada en las pinturas renacentistas de figura humana sobre fondo oscuro. La componen tres paneles con vídeos de tres personas que expresan una serie de emociones: alegría, dolor, ira y miedo. Los ciclos duraban originalmente un minuto cada uno, pero Viola los alargó de modo que duran 81 minutos y 30 segndnos. De este modo es casi imposible ver el cambio entre una emoción y otra, a no ser que se contemple la imagen dejando correr intervalos largos de tiempo. Con esta obra, Viola pretende aludir a la importancia del tiempo en el desarrollo del ser humano y a la noción del "yo" como entidad en continuo cambio.
Catherine´s room (2001): en esta obra podemos ver cinco pantallas, colocadas una al lado de otra, en las que se muestran imágenes de una mujer, sola en su habitación, realizado tareas cotidianas del día a la noche. Cada una de las pantallas evoca un momento del día: mañana, tarde, atardecer, anochecer y la noche. Durante la mañana la mujer realiza ejercicios de yoga; por la tarde, zurce; al atardecer intenta superar un momento de bloqueo mientras escribe; al anochecer enciende velas para iluminar la habitación; y por la noche, se prepara para acostarse apagando las luces, desnudándose y durmiéndose. En la habitación en la que realiza todas estas tareas hay una pequeña ventana por la que entra la luz y a través de la cual se ven las ramas de un árbol. Sólo que en cada pantalla se ve una imagen distinta del árbol, cada una en una estación distinta.
Otra vez Viola reflexiona sobre el tiempo y sobre cómo se nos escapa, sin darnos cuenta, mientras vivimos.
Study for emergence (2002): en esta obra vemos un vídeo, también tan lento que casi parecen fotografías, que comienza con dos mujeres junto a una especie de piscina o bañera de mármol blanco. De repente, la mujer más joven se gira hacia la bañera y esta comienza a desbordarse. Luego, la mayor la acompaña. De la bañera emerge, lentamente, el cuerpo antinaturalmente blanco de un hombre. Esta pieza es la obra preparatoria de una instalación mayor llamada Emergence. Esta obra tiene inspiración en el arte religioso cristiano, concretamente en el fresco Cristo in Pietà de Empoli, pintado por Masolino a principios del Renacimiento. En el vídeo se recrea el mito de la resurrección de Jesucristo pero añadiendo el componente esencial del agua, tan común y significativo en toda la obra del artista. El sepulcro que vemos en la obra del pintor renacentista se convierte en el vídeo en una bañera de la que emerge el cuerpo pálido del joven.
Four hands (2001): en esta obra, cuatro pequeñas pantallas van mostrando imágenes de cuatro pares de manos. Las imágenes, en blanco y negro, nos enseñan las manos de un niño, una mujer, un hombre y una anciana haciendo diversos gestos a un ritmo lento. Los movimientos nos resultan familiares pero a la vez desconocidos, y es que están escogidos de diversas fuentes tales como la religión budista o el alfabeto dactilológico inglés del siglo XVII. Los movimientos, pausados y rítmicos, sumen al espectador en una especie de letanía relajante e hipnotizante similar a la calma de los rituales espirituales.
The Quintet of the Astonished (2001): como su nombre indica, esta obra representa un quinteto de personas asombradas. Se trata de cuatro hombres y una mujer que van expresando sus diferentes grados de estupefacción por solitario, sin interactuar con los demás. El fondo oscuro de la obra y la iluminación dramática nos hacen recordar a los cuadros barrocos, especialmente a los de Caravaggio. El vídeo, como casi todos los del artista, se vale del slow motion para mostrar el tránsito de los personajes desde su expresión neutra hasta la de máximo asombro y luego hasta el cansancio. La obra explora las pasiones humanas, que el artista considera universales y atemporales.
The Innocents (2007): esta obra la componen dos pantallas. En una de ellas vemos a un chico, y en la otra, a una chica. Estas dos figuras se van acercando desde la oscuridad hasta la luz, avanzando hasta "acercarse" al espectador. Pero justo antes de llegar a la luz atraviesan una cortina de agua que simboliza su paso al mundo terrenal desde el espiritual. Una vez mojadas, las figuras se quedan un rato en estado contemplativo hasta que se dan la vuelta y caminan de vuelta a la oscuridad. Esto refleja el deseo natural del alma a regresar siempre al terreno espiritual tras haber estado en contacto con lo material. Otra vez vemos el agua como elemento recurrente de la obra del artista.
Three women (2008): esta es una obra que habla de la naturaleza eterna del ser humano. Como dijo el místico sufí Ibn
’Arabi: «El
ser es un océano sin
orilla. Contemplarlo
no tiene ni principio
ni fin, ni en este
mundo ni en el
siguiente». En ella, se ve a tres mujeres en la oscuridad. A medida que se acercan al espectador en la pantalla, atraviesan una cortina de agua idéntica a la de la obra anterior y su imagen adopta color. Atravesar la cortina de agua representa adentrarse en el mundo de los vivos (líquido amniótico), y por ello primero lo hace la que suponemos es la madre, luego la hermana mayor y, por último, la pequeña. Tras unos segundos, las tres vuelven a desaparecer tras la cortina de agua, en el orden inverso. Esta obra también nos habla de la vida y la muerte e incluye el agua como elemento fundamental y espiritual.
The encounter (2012): en esta obra se ve a dos mujeres caminando por el desierto en direcciones paralelas. En un momento dado se cruzan, y la más mayor de ellas le entrega a la más joven un objeto con cuidado y cariño. Después de unos segundos, las mujeres vuelven a separarse tomando rutas paralelas. Con este vídeo, el autor pretende plasmar las relaciones interpersonales, en que dos personas cuyos rumbos vitales han sido paralelos hasta el momento se cruzan, entregan una parte de sí mismo y luego, inevitablemente, se separan.
Walking on the Edge (2012): esta obra, muy similar a la anterior, nos habla de la separación de los rumbos vitales de un padre y su hijo. En el vídeo, dos figuras caminan paralelas, y poco a poco se van juntando hasta caminar hombro con hombro. Luego, intercambian posiciones y siguen caminando, pero alejándose progresivamente.
Chott el-Djerid (A Portait in Light and Heat) (1979): el nombre de la obra se corresponde con el de un lago de sal ubicado en el Sahara donde es frecuente que se produzcan espejismos. Estos espejismos aparecen contrapuestos con imágenes de praderas nevadas de Illinois y Saskatchewan (en Canadá). Lo que se busca con estas imágenes es comparar la sensación de incertidumbre que producen ambos paisajes, que es muy similar pese a ser tan diferentes. Al ver este paisaje, en realidad es como si estuviéramos viendo las alucinaciones de otra persona. Se trata de una de sus primeras obras, experimentales y en las que profundiza en el tema de la percepción sensorial.
Ancestors (2012): una mujer y su hijo caminan por el desierto bajo un sol abrasador. Se van acercando al espectador poco a poco, hasta que les engulle una tormenta de arena. Segundos después, emergen de la confusión de nuevo, al parecer más unidos que antes. Este vídeo fue rodado en El Mirage, un trecho del desierto de Mojave donde antes había un lago que se secó.
Martyrs (2014): esta serie la forman cuatro obras; Earth Martyr, Air Martyr, Fire Martyr, y Water
Martyr. Es decir, los mártires de los cuatro elementos. Esta colección está permanentemente expuesta en la catedral de San pablo de Londres desde mayo del 2014. Cada una de las cuatro figuras protagonistas se muestra en calma al principio del vídeo. Luego, poco a poco, los elementos se "activan" y actúan contra ellos: una carga enorme de tierra asciende sobre la espalda del primero, un viento arrasador azota a la segunda, llamas descontroladas rodean al tercero y chorros violentos de agua caen sobre el cuarto. Se trata de una revisión del concepto de mártires, que en esta ocasión no sufren por culpa de otros humanos como en la Antigüedad, sino que sufren por la misma Tierra, en una espiritualidad más primitiva. La clave de esta obra, según Viola, no es el sufrimiento de los mártires, que de hecho ni siquiera se ve en la obra, sino la serenidad y la calma de quien sabe que va a morir por una causa o ideal superior a él y ya lo ha aceptado.
Heaven and Earth (1992): esta es, posiblemente, una de las obras con más carga emocional del artista. Se trata de una enorme columna de madera que va desde el suelo hasta el techo y que tiene un pequeño hueco a la altura de los ojos del espectador. En este espacio se enfrentan, insertadas en cada uno de los dos trozos, dos pantallas de monitor. Estas pantallas emiten imágenes en blanco y negro: la superior, imágenes de la madre de Bill Viola en su lecho de muerte; y en la inferior, imágenes del hijo recién nacido del artista. Como ambas pantallas son de cristal, las imágenes de una se reflejan sobre la otra. La muerte está conectada con el ascenso hacia lo desconocido. El nacimiento está conectado con el ascenso desde lo desconocido. Y ambas están conectadas entre sí, son reflejos el uno del otro. Para Bill Viola, los dos momentos mostrados en las pantallas fueron un choque brutal con la realidad, porque le enseñaron la magnitud de ambas realidades con apenas unos meses de diferencia. La vida y la muerte, sus relaciones y los espacios entre ellas son uno de los temas más recurrentes de la obra del artista, junto con el tiempo y el agua.
Ablutions y Basin of Tears (2005): estas dos imágenes son extracciones del vídeo que Viola creó para la ópera Tristán e Isolda producida por Peter Sellars. El vídeo original duraba cuatro horas, pero estos vídeos son mucho más cortos. En una de ellas vemos a alguien lavándose las manos, lo que nos recuerda, por una parte, al acto de purificación de muchas religiones; y por otra, a como Poncio Pilatos se lavó las manos como gesto de desentendimiento cuando el pueblo condenó a Jesús a morir en la cruz. En la otra imagen, un hombre y una mujer desnudos sumergen su cara en una pila llena hasta los bordes de agua, que simboliza las lágrimas y la angustia. La historia original de la ópera trata acerca de un amor tan intenso entre los protagonistas que sólo en la muerte puede verse realizado plenamente. Los temas que va tratando Viola en las imágenes, por tanto, tendrán que ver con la purificación del amor pero también con su crueldad desgarradora, como hemos sido capaces de ver en estas dos obras.
Self-portait, Submerged (2013): en esta obra podemos ver al artista sumergido, con expresión tranquila y serena. El accesorio que lleva al cuello es un yapa mala, un collar budista parecido a un rosario que sirve para contar mantras. Cada una de sus 108 cuentas representa un oscurecimiento o veneno que nos impide alcanzar el nirvana. El sonido del agua que corre y los ligeros movimientos ondulantes que el agua genera con sus ropas ayudan a crear ese efecto hipnotizante. El agua es, a la vez, nacimiento y muerte, bautismo y purificación y, a veces, muerte. Los retaros subacuáticos generan inquietud porque no es el medio natural del ser humano y ver a alguien bajo el agua siempre transmite sensación de peligro. Pero a la vez son serenos, porque los rostros se ven tranquilos y se mecen suavemente, como arrullados por una madre cariñosa. Estos retratos son una visita al pasado del autor, cuando tuvo una experiencia cercana a la muerte pero extrañamente plácida al caer y casi ahogarse en un lago.
En este enlace puede verse el vídeo, proporcionado por la Smithsonian Magazine.
Personalmente, esta exposición ha sido de las más impactantes que he tenido la oportunidad de contemplar, tanto por la maestría del artista al dominar su medio como por los profundos y espirituales motivos detrás de cada una de las obras. Es el punto de encuentro perfecto entre una espiritualidad universal y primitiva y las tecnologías de la imagen, además de un repaso de la historia y evolución del vídeo y del propio crecimiento artístico del autor.
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